En una decisión que generó polémica, el fiscal general interino de Perú, Tomás Gálvez Villegas, ordenó desactivar los equipos especiales responsables de indagar casos relevantes de corrupción y violaciones de derechos humanos en el país. Entre los conjuntos disueltos figuran el Equipo Especial Lava Jato —que reveló sobornos de Odebrecht a altos funcionarios peruanos—, el Equipo Especial contra la Corrupción del Poder (Eficcop), el grupo Eficavip, orientado a delitos vinculados con protestas sociales, y el equipo que llevaba las pesquisas sobre la mafia Los Cuellos Blancos del Puerto.
La medida, divulgada el 6 de enero, ha provocado un fuerte impacto dentro del escenario político y social de Perú. De acuerdo con Gálvez, los equipos “no han alcanzado los resultados previstos” y han propiciado “impunidad y persecución”. Asimismo, defendió la resolución como parte de un esfuerzo por concentrar las estrategias de persecución penal. Aun así, distintas organizaciones han señalado que esta determinación representa un evidente retroceso en la lucha contra la corrupción y la impunidad.
El fiscal interino, que asumió funciones en septiembre de 2025 mientras enfrentaba denuncias por presuntas irregularidades en su restitución como fiscal supremo, ha sido vinculado a pesquisas relacionadas con la red de Los Cuellos Blancos. Destituido en 2021 por supuestas injerencias en procesos judiciales, Gálvez retornó al Ministerio Público a raíz de decisiones ampliamente cuestionadas. Esta situación ha impulsado a sectores críticos a poner en duda los verdaderos motivos que habrían impulsado el desmantelamiento de los equipos especializados.
Por su parte, José Domingo Pérez, exfiscal del Equipo Especial Lava Jato, defendió los logros de dicho grupo, señalando que su trabajo permitió condenar a expresidentes como Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Martín Vizcarra, además de imponer multas por más de 1.400 millones de dólares. Pérez enfatizó que esta decisión busca restaurar privilegios y detener investigaciones que incomodan a las altas esferas del poder político y económico.
Diversas voces del ámbito civil y defensores de derechos humanos han advertido sobre los peligros que implica esta decisión. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos describió la acción como un “quiebre institucional” que pone en riesgo la búsqueda de justicia en casos emblemáticos. Amnistía Internacional igualmente manifestó inquietud ante el deterioro de los esfuerzos de investigación relacionados con violaciones de derechos humanos ocurridas durante las protestas sociales de 2022 y 2023.
En contraste, ciertos sectores políticos han respaldado la medida. Fernando Rospigliosi, presidente del Congreso, celebró la acción de Gálvez al desmantelar los equipos, señalando que funcionaban como instrumentos de persecución política. No obstante, especialistas y analistas advierten que esta modificación podría trasladar investigaciones esenciales a fiscalías comunes con recursos limitados y menor autonomía.
A medida que se traslada la responsabilidad de los casos a otros órganos judiciales, surge la incertidumbre sobre el futuro de procesos que hasta ahora han sido fundamentales para combatir la corrupción en el país. La decisión de Gálvez se produce en un momento crítico para la justicia peruana, dejando a la sociedad civil expectante ante las consecuencias de este golpe a los esfuerzos institucionales por erradicar la impunidad.
Fuente: El País – https://elpais.com/america/2026-01-07/el-fiscal-general-de-peru-desmantela-los-equipos-especiales-que-investigaban-grandes-casos-de-corrupcion.html